OVERVIEW
概要
En el siglo XIX, en una época en la que las diferencias entre las clases sociales podían decidir el destino de una persona desde el mismo día de su nacimiento, vivía en la capital un joven médico de treinta años llamado Jeon Jungkook. A pesar de haber conseguido una profesión respetable, Jungkook llevaba una vida sencilla y, en ocasiones, bastante precaria. Su consultorio era pequeño y apenas podía permitirse cobrar lo necesario para mantenerlo abierto. Sin embargo, jamás había sido un hombre interesado en enriquecerse a costa de la necesidad ajena. Atendía a cualquiera que acudiera a él. Si un campesino no tenía dinero, Jungkook aceptaba unas verduras, arroz, huevos o cualquier alimento que pudiera ofrecerle. Si una madre llegaba con su hijo enfermo y no podía pagar, simplemente la atendía. Quizá lo hacía porque conocía demasiado bien lo que significaba no tener nada. Desde niño, Jungkook había vivido en medio de las carencias. Su madre lo había dejado al cuidado de su padre cuando apenas era un niño. Aquel hombre, irónicamente, era un hombre adinerado y dueño de una de las propiedades más importantes de Busan. Años atrás había abusado de la confianza de su madre y de aquella relación había nacido Jungkook. El hombre le había prometido que se haría cargo del niño y que le proporcionaría una vida digna. Sin embargo, aquella promesa no fue más que una mentira. En lugar de reconocerlo como hijo, lo llevó a su mansión y lo entregó al cuidado de los sirvientes. Jungkook creció allí creyendo que era simplemente otro niño bajo el servicio de la casa. Comía cuando los sirvientes podían alimentarlo, dormía en una habitación modesta destinada al personal y aprendió desde muy pequeño que debía trabajar para ganarse el derecho a permanecer allí. Nunca imaginó que el hombre al que todos llamaban señor Jeon era, en realidad, su padre. Lo descubrió por accidente. Una tarde, siendo todavía un adolescente, escuchó una conversación entre el dueño de la mansión y su esposa. Al principio no prestó demasiada atención, hasta que escuchó su propio nombre. Entonces descubrió toda la verdad. Su padre estaba casado y tenía dos hijos legítimos: un varón y una mujer. Jungkook era el hijo nacido fuera de aquel matrimonio, el niño que aquel hombre había decidido ocultar para proteger su reputación y su familia. La verdad lo destrozó. No solo porque había descubierto que era hijo del dueño de la mansión, sino porque comprendió que aquel hombre había tenido la posibilidad de darle una vida completamente distinta y, aun así, había elegido tratarlo como si fuera inferior. Durante años había vivido bajo el mismo techo que su padre sin recibir siquiera una palabra de afecto. Y aquello le dolió más que cualquier pobreza. Cuando alcanzó la mayoría de edad, Jungkook abandonó aquella casa sin mirar atrás. Se marchó a la capital con poco dinero y todavía menos certezas, decidido a construir su propia vida. Estudió medicina con una determinación admirable y, después de varios años de esfuerzo, consiguió convertirse en médico. Por primera vez, todo lo que tenía le pertenecía únicamente a él. Hasta que, años después, un hombre llamado Namjoon llegó para cambiar nuevamente su destino. Namjoon había sido uno de los hombres de mayor confianza del padre de Jungkook. Apreciaba al joven desde hacía años y, al enterarse de que su padre estaba gravemente enfermo, decidió buscarlo. No lo hizo porque el anciano hubiera pedido verlo. De hecho, el hombre jamás había preguntado por Jungkook. Namjoon simplemente consideraba que tenía derecho a saber lo que estaba ocurriendo. Además, había una razón más. La esposa y los dos hijos legítimos del señor Jeon habían muerto años atrás durante una epidemia de cólera. Desde entonces, el hombre se había encerrado en su mansión, aislándose del mundo y dedicando sus últimos años únicamente a conservar y aumentar su fortuna. Ahora estaba muriendo. Y no tenía a nadie más a quien dejarle todo aquello. Así que, por primera vez, Jungkook recibió algo de su padre. No amor. No disculpas. No reconocimiento. Una herencia. En su lecho de muerte, el hombre firmó el testamento dejando toda su fortuna a nombre de Jungkook. También fue aquel documento el que, finalmente, le otorgó legalmente el apellido Jeon. Fue la única manera en que aquel hombre llegó a reconocerlo como hijo. Nunca pronunció esas palabras con su propia voz. Nunca le pidió perdón por los años de abandono. Nunca admitió haber cometido una injusticia. Simplemente dejó su fortuna sobre un papel y murió. Jungkook heredó una riqueza que jamás había pedido y una mansión que apenas reconocía como suya. Pocos días después del funeral, su amigo Min Yoongi viajó hasta Busan para ayudarlo a revisar todos los bienes que ahora estaban bajo su nombre. Yoongi era contador y, además de ser uno de sus amigos más cercanos, era probablemente la única persona en quien Jungkook confiaba lo suficiente como para permitirle revisar sus cuentas. Ambos se encontraban en el antiguo estudio del señor Jeon, rodeados de libros contables, documentos y registros de propiedades. Yoongi levantó la mirada lentamente después de revisar uno de los libros. —La casa está prácticamente en ruinas. No entiendo cómo, teniendo semejante fortuna, tu padre permitió que la mansión terminara así. Jungkook permanecía de pie frente a una de las ventanas, observando el jardín descuidado. —Namjoon dice que, después de que su esposa y sus hijos murieran de cólera, dejó de importarle absolutamente todo. Se encerró aquí y prácticamente abandonó la casa. Yoongi soltó una pequeña carcajada mientras pasaba las páginas del libro. —No le importaba nada, pero sí le importaba seguir acumulando dinero. Jungkook sonrió. —Eso sí. Yoongi cerró el libro y lo miró con una expresión divertida. —Mírate. De la noche a la mañana heredaste una fortuna enorme, cuando hace apenas unas semanas la señora Lee te perseguía por toda la calle para cobrarte el alquiler de aquella pequeña habitación. Jungkook soltó una carcajada. —No exageres. —¿Exagerar? Si vieras cómo te envidio. Ambos rieron. Jungkook volvió la mirada hacia la ventana. Durante unos segundos permaneció en silencio. —El dinero siempre me faltó —dijo finalmente—. Pero ahora que lo tengo, no me parece tan importante. Yoongi arqueó una ceja. —¿Entonces qué quieres? Jungkook sonrió con cierta nostalgia. —Una familia. Yoongi dejó de revisar los documentos y lo observó. —¿Una familia? —Sí. ¿Te imaginas? —Jungkook soltó una pequeña risa—. Llegar a casa después de un día de trabajo y encontrar a mi esposa esperándome. Tener dos niños corriendo hacia mí, abrazándose a mis piernas y peleando por quién será el primero en contarme lo que hicieron durante el día. Su expresión se volvió más cálida. —Una esposa hermosa, cariñosa y atenta... —¿Y bien dispuesta? —interrumpió Yoongi con una sonrisa burlona. Jungkook lo miró y terminó riéndose. —Claro. También eso. —Eres imposible. —Solo digo que eso es lo que me falta. El dinero no puede darme algo así. Yoongi se recostó contra el respaldo de la silla y cruzó los brazos. —Bueno, ¿y qué esperas? Jungkook lo miró confundido. —¿Qué? —Ahora ya no eres aquel pobre diablo que apenas podía pagar el alquiler. Tienes dinero, propiedades y un apellido que abre puertas. Las familias que antes ni siquiera habrían permitido que te acercaras a sus hijas ahora estarán encantadas de recibirte. Jungkook permaneció pensativo durante unos segundos. Después sonrió. —Tienes razón. Se acomodó el abrigo y levantó la barbilla con una seguridad que Yoongi no le había visto en mucho tiempo. —Eso voy a hacer. —¿Qué cosa? —Voy a conseguirme una esposa. Yoongi soltó una carcajada. Jungkook, por primera vez desde que había recibido aquella herencia, parecía realmente ilusionado. Había pasado toda su vida deseando aquello que el dinero nunca pudo comprarle. Una familia. Y ahora, por primera vez, creía que podía tenerla. El amor que debía permanecer oculto Mientras tanto, lejos de Busan, en la ciudad de Ilsan, dos jóvenes se encontraban a escondidas en un pequeño parque, lejos de las miradas de sus familias. Él era teniente de caballería del ejército. Ella, una joven perteneciente a una de las familias aristocráticas más respetadas de la región. Dos personas que, según las normas de aquella sociedad, jamás debieron enamorarse. Se habían conocido ocho meses atrás durante una velada organizada por una familia de la alta sociedad. Aquella noche, entre música, conversaciones y saludos formales, sus miradas se encontraron. Fue suficiente. Desde entonces, el teniente Park Chanyeol había comenzado a cortejarla discretamente. Debido a la diferencia entre sus posiciones sociales, no podían verse libremente, así que sus encuentros se habían convertido en pequeños momentos robados al mundo. Aquel día, como tantos otros, se encontraban sentados juntos bajo un árbol, hablando en voz baja. Chanyeol era un militar de carrera. Había ingresado a la escuela militar siendo muy joven y, gracias a su disciplina y talento, había conseguido ascender hasta convertirse en teniente de caballería. Pero su uniforme era mucho más elegante que su fortuna. No poseía grandes tierras ni una familia poderosa que respaldara su nombre. Su único patrimonio era una pequeña finca heredada de sus padres y el salario que recibía del ejército. Nada de aquello podía compararse con la riqueza de la familia de la joven. Su padre había sido general del ejército antes de retirarse debido a su avanzada edad y a una enfermedad que poco a poco había debilitado su cuerpo. Provenía de una familia de gran prestigio y durante décadas había construido una reputación intachable dentro de la sociedad. Por eso, Chanyeol sabía perfectamente que, a los ojos de aquella familia, él no era un candidato digno para su hija. Aun así, se amaban. —Tienes que hablar con mi padre —insistió ella, tomando suavemente la mano de Chanyeol—. Él no es como mi madre. Me ha dicho toda la vida que yo elegiré al hombre con quien quiero casarme. Chanyeol bajó la mirada hacia sus manos entrelazadas. —Lo sé. —Entonces, ¿por qué sigues teniendo miedo? El teniente permaneció en silencio. Porque la respuesta era sencilla. Tenía miedo de perderla. Si su padre lo rechazaba, probablemente su familia haría todo lo posible por separarlos. Y Chanyeol no sabía si tendría la fuerza para soportar verla marcharse con otro hombre. —No quiero que tu familia piense que estoy intentando aprovecharme de ti —admitió finalmente—. No tengo una gran fortuna. Ni tierras suficientes. Ni un apellido que pueda ofrecerte una vida llena de lujos. Ella negó con la cabeza. —Yo no quiero lujos. Te quiero a ti. Aquellas palabras hicieron que Chanyeol la mirara. Ella sonrió. —¿No es eso suficiente? El teniente acarició suavemente su mano. —Para mí sí. Durante un tiempo siguieron posponiendo aquella conversación. Pero mientras ellos intentaban proteger su amor, la situación de la familia de ella comenzó a deteriorarse. La fortuna que durante generaciones había sostenido el prestigio de la familia empezó a desaparecer. Malas inversiones, gastos excesivos y varias decisiones desafortunadas habían dejado las cuentas familiares en una situación preocupante. El general, que alguna vez había tenido una posición respetada y una vida cómoda, comenzó a vender propiedades y utilizar sus ahorros para evitar que su familia terminara en la ruina. Sin embargo, mientras su padre intentaba salvar lo poco que quedaba, su hijo hacía exactamente lo contrario. El hermano mayor de la joven había adquirido una terrible afición por el juego. Cartas, apuestas y deudas se habían convertido en parte de su vida cotidiana. Cada vez que perdía grandes cantidades de dinero, regresaba a casa esperando que su madre solucionara el problema. Y ella siempre lo hacía. Le pagaba las deudas, ocultaba sus errores ante su esposo y encontraba alguna excusa para justificar su comportamiento. —Es joven —decía siempre—. Algún día sentará cabeza. Pero aquel día nunca llegaba. La presión económica comenzó a sentirse dentro de la casa. Ya no podían mantener el mismo nivel de vida. Los sirvientes comenzaron a marcharse. Algunas habitaciones permanecían cerradas para reducir gastos y las celebraciones que antes eran frecuentes desaparecieron. La madre de la joven estaba desesperada. Para ella, la única solución era encontrar un marido rico para su hija. Un hombre con dinero suficiente para salvar a toda la familia. Por eso comenzaron a llegar pretendientes. Hombres pertenecientes a familias adineradas, comerciantes importantes y jóvenes herederos fueron invitados a la casa. Uno tras otro. Y uno tras otro, la joven los rechazó. —No me interesa. —¿Por qué? —Porque no quiero casarme con él. Su madre no comprendía cómo podía rechazar semejantes oportunidades. —¿Acaso crees que podrás elegir para siempre? —le reprochaba—. Tu familia está en peligro. Pero la joven guardaba silencio. No podía decirle la verdadera razón. No podía contarle que ya había entregado su corazón a un hombre. A un teniente sin fortuna. A un hombre al que su madre jamás habría aceptado. Nadie en aquella casa sabía de su relación con Chanyeol. Nadie, excepto su hermano. Y eso cambiaría todo. Una tarde, mientras regresaba de uno de sus encuentros secretos, el hermano de la joven los vio juntos. No dijo nada en ese momento. Simplemente observó desde la distancia. Pero aquella misma noche se lo contó a su madre. La mujer casi se desmayó al descubrir la verdad. —¿Un teniente? —preguntó horrorizada—. ¿Te estás viendo a escondidas con un hombre que ni siquiera tiene fortuna? Su hijo asintió. La expresión de su madre cambió rápidamente del desconcierto a la furia. —Esto se termina ahora. Ella no estaba dispuesta a permitir que su hija desperdiciara la única oportunidad que tenía la familia de recuperar su posición. Y entonces, junto a su hijo, comenzó a idear una manera de separarlos. La primera parte de su plan fue sencilla. El hermano de la joven buscó a una mujer dispuesta a recibir dinero a cambio de participar en una mentira. La mujer debía presentarse ante la joven y asegurarle que era la esposa de Chanyeol. Que el teniente llevaba meses engañándola. Que todo lo que le había dicho a la joven había sido una mentira. La joven, por supuesto, no sabía nada de aquel plan. Mientras tanto, el hermano se encargó de que Chanyeol desapareciera. Un día, cuando el teniente caminaba por una calle poco concurrida, varios hombres lo interceptaron. —Teniente Park Chanyeol. Él se detuvo. —¿Qué sucede? Los hombres no respondieron. —¿De qué se me acusa? Silencio. Uno de ellos tomó su brazo. Chanyeol intentó resistirse. —¡Soy un oficial del ejército! ¡Exijo saber bajo qué autoridad están haciendo esto! Pero nadie respondió. Lo arrestaron y se lo llevaron. No hubo juicio. No hubo explicación. No hubo oportunidad de despedirse de nadie. Horas después, fue trasladado lejos de Ilsan, a una prisión apartada y conocida por las terribles condiciones en las que vivían sus prisioneros. Una prisión de la que pocos hombres lograban salir con vida. Chanyeol desapareció sin dejar rastro. Y mientras él era llevado lejos, la joven recibió la visita de aquella mujer. —¿Tú eres la hija del general? La joven la observó con desconcierto. —Sí. ¿Quién eres? La mujer bajó la mirada con fingida tristeza. —Soy la esposa de Park Chanyeol. El mundo de la joven pareció detenerse. —¿Qué...? La mujer comenzó entonces a contarle una historia cuidadosamente preparada. Le habló de un supuesto matrimonio secreto, de promesas que Chanyeol le había hecho y de cómo había estado engañándola durante meses. Cada palabra era una mentira. Pero estaba tan bien construida que la joven no encontró ninguna razón para dudar. Su corazón se rompió antes de que pudiera siquiera comprender lo que estaba sucediendo. El hombre al que amaba había desaparecido. Y la única explicación que recibió fue que jamás había sido sincero con ella. Aquella tarde, mientras la joven lloraba desconsoladamente, nadie en su familia le contó la verdad. Nadie le dijo que Chanyeol estaba encerrado en una prisión lejana. Nadie le dijo que había sido víctima de un plan. Y nadie imaginaba que aquella separación no solo destruiría un amor, sino que cambiaría para siempre el destino de ambos. Unos días después de instalarse en Busan, Jungkook tuvo que viajar hasta Ilsan. Una de las propiedades que había heredado de su padre se encontraba en aquella ciudad y, además, debía resolver algunos asuntos relacionados con sus nuevas posesiones. Desde que había recibido la herencia, su vida se había llenado de documentos, propiedades, cuentas bancarias y personas que de pronto parecían interesarse demasiado por conocerlo. Mientras caminaban por una de las plazas de Ilsan, Yoongi no pudo evitar burlarse de la situación. —En cuanto la gente se entere de que el señor Jeon tenía un hijo y que ese hijo heredó toda su fortuna, comenzarán a perseguirte las madres de todas las jóvenes casaderas. Jungkook soltó una carcajada. —Puede ser. —No estoy bromeando. Ahora eres un partido bastante atractivo. Jungkook negó con la cabeza. —No quiero una mujer que se interese por mí solamente por mi dinero. Si algún día me caso, quiero que sea alguien sencilla, amable y tierna. No me importa si tiene dinero o si pertenece a una familia aristocrática. Yoongi sonrió. —Bueno, ahora tienes dinero y una posición respetable. Puedes aspirar a la mujer que quieras. Entonces, mientras caminaban, Yoongi señaló discretamente hacia el otro extremo de la plaza. —Por ejemplo... ¿no te gustaría alguien como ella? Jungkook siguió la dirección de su mirada. Allí estaba una joven que acababa de salir de una casa acompañada por un hombre. Vestía un hermoso traje de tonos claros que resaltaba su delicada apariencia. Su porte era elegante, propio de una dama perteneciente a una familia distinguida. Jungkook se quedó mirándola. Había algo en ella que llamó inmediatamente su atención. —Sí —respondió sin apartar los ojos de la joven—. Es muy hermosa. Pero no fue solamente su belleza lo que lo cautivó. Mientras ella atravesaba la plaza, un niño tropezó y cayó al suelo. La joven se detuvo inmediatamente. Sin preocuparse por ensuciar su vestido, se agachó junto al pequeño y lo ayudó a levantarse. Después comprobó que no estuviera herido y le sonrió antes de dejarlo marchar. Jungkook observó la escena en silencio. Aquello confirmó la impresión que había tenido de ella. Parecía exactamente el tipo de mujer que había imaginado para su futuro. —¿Quieres probar suerte? —preguntó Yoongi, divertido. Jungkook dudó. —¿Y si ya está casada? Entonces miró al hombre que la acompañaba. —¿Y si ese hombre es su esposo? Yoongi se encogió de hombros. —Quién sabe. Después sonrió. —Pero ella es el claro ejemplo de la clase de mujer a la que ahora puedes aspirar. Hace apenas unas semanas apenas podías permitirte soñar con acercarte a una dama de la alta sociedad. Jungkook guardó silencio. Tenía razón. Durante toda su vida había creído que ciertas puertas estaban cerradas para él. Ahora, de repente, todas parecían abiertas. —Es verdad —admitió finalmente. Y sin darse cuenta, aquella idea comenzó a echar raíces en su mente. Ahora podía tener aquello que antes ni siquiera se había permitido desear. Incluso a una mujer como ella. --- Meses después La joven ya no era la misma. Habían pasado meses desde la desaparición de Park Chanyeol y, desde entonces, parecía vivir como un fantasma dentro de su propia casa. Antes había sido una muchacha alegre, llena de ilusiones y enamorada de la vida. Ahora apenas sonreía. Su corazón seguía aferrado a un hombre al que creía perdido para siempre. Su madre, por supuesto, sabía que había estado enamorada de un teniente. Lo que la joven no sabía era que aquella mujer había sido una de las responsables de su separación. Nunca le confesó la verdad. En cambio, continuó presionándola para que aceptara a alguno de los hombres adinerados que acudían a cortejarla. Pero la joven rechazaba a todos. Ya no porque esperara que Chanyeol regresara. Sino porque había perdido cualquier interés en el matrimonio. No le importaba con quién terminaría casándose. Su corazón ya estaba roto. Su madre, frustrada, comenzó a desesperarse. Estaba cansada de lidiar con lo que consideraba un capricho de su hija. Hasta que un día llegó un rumor que cambió por completo sus planes. El viejo señor Jeon había muerto. Y había dejado toda su fortuna a un hijo. Un hombre joven. Soltero. Atractivo. Y, sobre todo, inmensamente rico. Se decía que había heredado propiedades en distintas ciudades, tierras, negocios y una fortuna que podía rivalizar con la de las familias más poderosas de la región. Para la madre de la joven, aquello representaba una oportunidad que no podía desperdiciar. Si conseguía que su hija se casara con Jeon Jungkook, la familia estaría a salvo de la ruina. Así que organizó una gran velada. Invitó a varias familias conocidas y, por supuesto, hizo llegar una invitación a Jungkook, quien en aquel momento se encontraba nuevamente en Ilsan para resolver unos asuntos relacionados con una de sus cuentas bancarias. Cuando la invitación llegó a su residencia, Jungkook recordó inmediatamente a la joven que había visto meses atrás en la plaza. Quizá aquella era su oportunidad para conocerla. Y, sobre todo, para descubrir si estaba disponible. Aceptó. --- El general no estaba de acuerdo con organizar semejante celebración. La familia estaba atravesando una crisis económica y gastar dinero en una velada le parecía irresponsable. —No podemos permitirnos esto —advirtió. Pero su esposa consiguió convencerlo. —Nuestra hija necesita conocer hombres. Si encuentra a alguien adecuado, quizá podamos resolver parte de nuestros problemas. El general permaneció en silencio. No le agradaba la idea de utilizar a su hija para salvar la fortuna familiar. Había una cosa que siempre había tenido clara. Jamás vendería a su hija al mejor postor. —Ella elegirá a su esposo —dijo finalmente—. No pienso obligarla a casarse con nadie por dinero. Su esposa asintió, aunque sus verdaderas intenciones eran muy diferentes. El general terminó aceptando. En el fondo, él también deseaba que su hija pudiera casarse y construir una vida estable antes de que la situación económica de la familia empeorara todavía más. --- La noche de la velada llegó. Jungkook asistió acompañado de Yoongi. La mansión estaba iluminada y llena de invitados. Criados iban de un lado a otro mientras los músicos preparaban sus instrumentos. Jungkook apenas había cruzado el umbral cuando levantó la mirada. Y entonces la vio. La joven descendía lentamente por la gran escalera. Llevaba un vestido elegante que parecía envolverla como una nube clara. Su cabello estaba cuidadosamente arreglado y su rostro tenía una delicadeza que hizo que Jungkook olvidara por un instante todo lo que ocurría a su alrededor. Era ella. La mujer que había visto meses atrás. La misma que había ayudado a aquel niño en la plaza. Jungkook sintió que su corazón se aceleraba. —Vaya —murmuró Yoongi a su lado. Jungkook ni siquiera respondió. No podía dejar de mirarla. Poco después, la madre de la joven aprovechó la ocasión para presentarlos. —Mi hija, permíteme presentarte al señor Jeon Jungkook. La joven hizo una pequeña reverencia. —Es un placer conocerlo, señor Jeon. Jungkook sonrió. —El placer es mío. Ella le dedicó una sonrisa cortés. Nada más. Para ella, aquel hombre no significaba absolutamente nada. Su corazón seguía perteneciendo a Chanyeol. Pero Jungkook no podía saberlo. Su madre hizo todo lo posible para que ambos permanecieran juntos durante la velada. Incluso consiguió que bailaran. Jungkook tomó su mano y la condujo hacia el centro del salón. Mientras la música comenzaba a sonar, no podía apartar los ojos de ella. —Es usted muy hermosa —dijo con una sonrisa. La joven sonrió tímidamente. —Gracias. Pero había cierta incomodidad detrás de aquella sonrisa. No quería recibir halagos de otro hombre. Jungkook, sin embargo, decidió ser directo. —¿Tiene pretendientes? La joven negó suavemente con la cabeza. Aquella respuesta fue suficiente para despertar una esperanza en él. Quizá tenía una oportunidad. Quizá podía conquistarla. No hizo nada más aquella noche. Pero tomó una decisión. Comenzaría a cortejarla. --- Cuando regresaron a casa, Yoongi no tardó en expresar su opinión. —Es hermosa, eso no se puede negar. Pero me parece que no te prestó demasiada atención. Jungkook sonrió. —Quizá sea tímida. Me pareció una mujer de pocas palabras. Yoongi lo miró con escepticismo. —O quizá sea una estrategia. —¿Qué quieres decir? —Escuché que su familia está prácticamente al borde de la ruina. Jungkook frunció el ceño. —¿Y? —Y tú eres exactamente el hombre que necesitan. Joven, soltero y con una fortuna enorme. ¿No te parece demasiada coincidencia? Jungkook apretó ligeramente los puños. La idea de que aquella mujer pudiera estar interesada únicamente en su dinero no le agradaba. Pero tampoco quería juzgarla sin conocerla. —¿Y por qué no pensar que ella no tiene nada que ver con eso? —respondió—. Quizá son su madre y el resto de su familia quienes buscan mi dinero. Yoongi lo observó unos segundos. —Puede ser. Después añadió: —Pero no te quedes con una sola opción. Hay muchas jóvenes que podrías conocer ahora. Jungkook asintió. Pero, a pesar de las palabras de su amigo, aquella joven ya había capturado su atención. --- Durante los meses siguientes, Jungkook comenzó a frecuentar la casa de la familia. La cortejó con paciencia. Le enviaba flores, pequeños regalos y la acompañaba durante los paseos permitidos por su familia. La joven aceptaba sus atenciones. No porque hubiera comenzado a amarlo. Ni porque hubiera olvidado a Chanyeol. Simplemente había llegado a un punto en el que ya no le importaba qué sucedería con su vida. Su corazón estaba demasiado cansado para luchar. Si Jungkook quería casarse con ella, aceptaría. Quizá el matrimonio le permitiría dejar atrás el dolor. Un día, finalmente, Jungkook tomó una decisión. Se presentó ante ella con un anillo cuyo valor superaba incluso el de la casa donde vivía su familia. La miró con sinceridad. —¿Quieres casarte conmigo? La joven contempló el anillo. Después levantó la mirada. No sentía ilusión. No sentía emoción. Solo una profunda resignación. —Sí. Jungkook sonrió. Creyó que acababa de conseguir la felicidad que siempre había deseado. Y pocos meses después, comenzaron los preparativos para la boda. En más de una ocasión, Jungkook había notado la tristeza de su prometida. A veces parecía ausente. Otras veces apenas respondía cuando él hablaba. Por eso, una noche decidió preguntarle directamente. —Quiero que seas sincera conmigo. Si no te gusto, puedes decírmelo. Y si hay otro hombre en tu corazón... también quiero saberlo. La joven sintió que el corazón le daba un vuelco. Pero negó con la cabeza. —No hay nadie. Era mentira. Pero, para ella, ya no importaba. Chanyeol había desaparecido. Ella creía que la había engañado y que probablemente había regresado con la mujer que decía ser su esposa. ¿Qué sentido tenía seguir esperando? Jungkook creyó en sus palabras. Y continuó con los preparativos. --- Finalmente llegó el día de la boda. La mansión estaba llena de invitados. Música, flores, carruajes y vestidos elegantes llenaban el lugar. Todo parecía perfecto. Hasta que un hombre apareció en el patio trasero. Estaba sucio, agotado y con el rostro demacrado. Había escapado de aquella prisión contra todo pronóstico. Después de meses de cautiverio, Park Chanyeol había logrado regresar. No sabía qué había ocurrido. No sabía por qué lo habían arrestado. Pero había una sola cosa que sabía con certeza. Tenía que encontrarla. Con ayuda de un sirviente logró entrar discretamente en la propiedad y, desde el patio, consiguió enviarle una pequeña carta. La joven recibió el mensaje en medio de su propia boda. Reconoció inmediatamente la letra. Sus manos comenzaron a temblar. Abrió la carta. Solo había unas pocas palabras. Una petición para que fuera al jardín trasero. La joven sintió que el mundo se detenía. Chanyeol estaba vivo. Sin pensarlo demasiado, se escabulló de la celebración. Atravesó los pasillos hasta llegar al jardín y caminó rápidamente hacia el pequeño quiosco apartado entre los árboles. Entonces lo vio. Chanyeol estaba allí. Los dos se quedaron inmóviles. Habían pasado meses. Meses de dolor, dudas y desesperación. Ella había llorado creyendo que él la había traicionado. Él había sobrevivido pensando únicamente en regresar a ella. Pero ahora estaban frente a frente. Ella vestía de novia. Él llevaba sobre el cuerpo las marcas de los meses de prisión. Chanyeol la miró de arriba abajo. Su rostro perdió todo rastro de esperanza. —Te casaste... La joven sintió que las lágrimas comenzaban a llenar sus ojos. —Yo creí que me habías abandonado. Chanyeol negó lentamente con la cabeza. —Jamás. Y aquellas dos palabras bastaron para romper nuevamente el corazón de ambos.
挨拶
En el pequeño quiosco del jardín, Chanyeol le explicó a la joven toda la verdad. Le contó cómo había sido detenido sin explicación, cómo había sido llevado lejos y encerrado en aquella prisión, y cómo finalmente había conseguido escapar. También le reveló lo que había descubierto durante todo aquel tiempo. —Todo fue un engaño —dijo con la voz quebrada—. Tu madre y tu hermano lo planearon todo para separarnos. La mujer que se presentó ante ti nunca fue mi esposa.
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更新 September 23, 2026
